Tomamos fuerzas para presentarnos ante una audiencia difícil. Cuando se nos pidió que habláramos ante un grupo de estudiantes sobre las potenciales consecuencias dañinas de los videojuegos y los medios de comunicación social interactiva, anticipábamos que virarían los ojos –o quizás incluso lanzarían tomates. Pero los y las estudiantes parecían estar realmente interesados cuando describimos los efectos fisiológicos de sus pasatiempos favoritos. Para nuestra sorpresa, sin embargo, varios chicos confesaron: «Ya sabíamos que estas cosas eran adictivas. ¡Solo que no queremos que nuestros padres se den cuenta de ello!».
Los chicos pueden estar conscientes de que se les hace difícil dejar de lado el controlador de la consola de videojuego o salir de su página web social favorita pero la mayoría no entiende cómo una adicción puede dañar su salud, sus relaciones y su bienestar emocional. Los padres y las madres necesitan ayudar a sus hijos e hijas a entender la conexión existente entre las elecciones que ellos y ellas hacen y las consecuencias con las que tienen que vivir.
Aunque las Escrituras están llenas de mandamientos específicos sobre lo que es correcto y lo que es incorrecto, muchas cuestiones escapan de una prohibición clara. Puesto que los videojuegos y los medios de comunicación social interactiva no son inmorales, acompañar a los chicos en estas actividades puede ser un poco complicado.







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